Una señora de 62 años llega a consulta con dolor torácico atípico. Le pregunto desde cuándo. Me dice que ya vino "hace como dos meses, con el otro doctor". Busco la nota. No está: el expediente en papel se quedó en la otra unidad, o está en el archivo, o alguien lo tiene sobre un escritorio. Le pregunto qué le dieron. Me enseña una caja vacía sin receta. Reconozco la caja, no la dosis.
Ese momento —el de reconstruir a un paciente desde cero, con él como única fuente— se repite decenas de veces al día en el primer nivel de atención. No es un accidente. Es el resultado predecible de un sistema donde la información clínica vive en el lugar donde se generó y no viaja con la persona.
No es un problema de médicos, es un problema de arquitectura
La Dirección de Salud Digital de la Secretaría de Salud lo describe sin rodeos en su propuesta de expediente clínico electrónico sectorial de 2025: cada institución opera con sus propios expedientes, físicos y electrónicos, "lo que provoca fragmentación de la información del paciente, errores médicos, falta de seguridad, duplicidad de esfuerzos y estudios, ineficiencia y mayores costos".
Es un diagnóstico oficial, escrito por quien tiene el mapa completo. Y el tamaño del sistema donde ocurre no es menor: IMSS-Bienestar opera en 23 entidades, 669 hospitales y 11,935 centros de salud para 53.2 millones de personas sin seguridad social. Entre enero y julio de 2026 el sector público otorgó 101.2 millones de consultas de primer nivel —la primera vez que se rebasan los cien millones en ese periodo.
Cada una de esas consultas genera información. La pregunta es cuánta de ella está disponible en la siguiente.
El costo de la discontinuidad está medido
Es fácil tratar la continuidad de la atención como un valor blando: algo deseable, difícil de cuantificar, que se pospone frente a lo urgente. La evidencia dice otra cosa.
Una revisión sistemática publicada en el British Journal of General Practice en 2020 reunió 13 estudios cuantitativos de 8 países que midieron el efecto de la continuidad de la atención sobre la mortalidad. De los 12 que midieron mortalidad por todas las causas, 9 encontraron un efecto protector estadísticamente significativo de la mayor continuidad.
Que un paciente vea al mismo médico —o, en su defecto, que el siguiente médico vea lo que vio el anterior— no es una cortesía administrativa. Es una variable con efecto sobre desenlaces duros.
El problema mexicano tiene una capa extra
En México la discontinuidad no solo es entre consultas: es entre instituciones. La ENSANUT Continua 2023 documenta un dato incómodo: entre los derechohabientes del IMSS, la proporción que se atiende donde le corresponde bajó de 65% en 2006 a 58% en 2023. Y el sector privado —incluidos los consultorios adyacentes a farmacia— pasó de 29% en 2012 a 43% en 2018 del total de la atención otorgada.
Traducido a la consulta: el paciente que tengo enfrente probablemente fue atendido en otro lado, por otra institución, en un expediente que nunca voy a ver. Su historia real está repartida en tres o cuatro sistemas que no se hablan.
Sobre cuántas unidades de primer nivel operan hoy con expediente electrónico y cuántas con papel, no existe una cifra oficial vigente que pueda citar con honestidad. El último dato desagregado que encontré es de 2011: una media nacional de 44% de adopción, con 85% en IMSS y 13% en el sistema federal de salud, y 65 sistemas distintos conviviendo. Tiene quince años. Que ese siga siendo el dato disponible ya dice algo.
Qué intentamos resolver
KONTROL IA nació de esa consulta concreta, no de una hipótesis de mercado. La decisión de arquitectura que la ordena todo es esta: el expediente es del paciente y viaja con él, no con la unidad.
En la práctica eso significa tres cosas:
- Historia persistente entre encuentros. Cuando abro a un paciente, veo lo que pasó antes: diagnósticos previos con su código CIE-10, medicamentos activos, alergias, signos vitales anteriores. No una carpeta que hay que leer completa, sino el contexto que cambia la decisión de hoy.
- La nota se estructura mientras se escribe, no después. El dato tiene que quedar estructurado en el momento de la consulta o no queda nunca. Un expediente que es un PDF escaneado es un archivo, no información.
- Interoperabilidad como requisito, no como fase dos. El camino de certificación NOM-024 ante la DGIS y el soporte de FHIR R4 existen porque un expediente que no puede exportar lo que sabe reproduce el problema que vino a resolver, nada más que en digital.
Lo que un expediente electrónico no arregla
Vale la pena ser claro con lo que no se resuelve por software. Digitalizar un sistema fragmentado produce un sistema fragmentado digital: 65 expedientes electrónicos que no se hablan son peores que 65 archiveros, porque dan la sensación de estar resuelto.
La continuidad real depende de que los sistemas compartan estándares, catálogos y reglas de acceso —y eso es trabajo normativo y de gobernanza, no de producto. Lo que un expediente bien construido sí puede hacer es dejar de ser parte del problema: generar información que otro sistema pueda leer, con la trazabilidad que la norma exige y sin obligar al médico a capturar dos veces.
Es un objetivo más modesto que "resolver la fragmentación". También es el único que se puede cumplir.
Si trabajas en una Secretaría de Salud estatal, un municipio o un DIF y esta descripción se parece a lo que ves todos los días, escríbenos. Es más útil hablar de una unidad concreta que de un sistema en abstracto.
Fuentes: Propuesta de Expediente Clínico Electrónico para el Sector Salud, Secretaría de Salud, 2025 · ENSANUT Continua 2023, Salud Pública de México 66(4) · Baker et al., Br J Gen Pract 2020;70(698):e600 · The CIU, Working Paper Series 2020-III